Han pasado más de dos mil años de un hecho que aconteció marcando un “hito” en el mundo.
Desde lejos se podían contemplar esas tres cruces levantadas en el monte llamado “de la Calavera”, en las afueras de Jerusalén.

En medio estaba el unigénito Hijo de Dios. Después de haber sido despreciado, azotado, humillado, coronado de espinas, clavado de pies y manos; levantado entre el cielo y la tierra… hubo tinieblas. Entonces Jesús exclamó diciendo: Padre por qué me has abandonado.
En ese momento el pecado del mundo vino sobre El, en otras palabras…se hizo pecado por nosotros.
Diciendo “consumado es”, entregó su espíritu al padre y allí expiró. El centurión romano dio gloria a Dios, diciendo …”verdaderamente este hombre era justo” y muchos que presenciaban este acontecimiento se volvían golpeándose el pecho.
Cuando Satanás estaba festejando la muerte de Jesús, al tercer día recibió el golpe de la derrota. ¡Aleluya! ¡Jesús resucitó! El vive y es el salvador del mundo. El no es historia, es presencia!
Hoy todos sin acepción de personas pueden ser salvos y perdonados por su sacrificio…Amen!
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